—¿Ya estás despierta? —la voz grave de Liam llegó a Anna en cuanto abrió los ojos.
Anna asintió, con una leve sonrisa curvándole los labios mientras lo observaba terminar de arreglarse para ir al trabajo. Dios… era increíblemente atractivo, no podía negarlo.
—En lugar de quedarte mirándome así, ¿por qué no me ayudas con la corbata? —dijo él.
Ella se incorporó de inmediato y se acercó.
—Avísame cuando termines. Puedo pasar a recogerte —añadió Liam.
—No hace falta. Puedo conducir yo misma.
Liam s