Anna rechazó la videollamada de Liam en cuanto apareció en la pantalla.
—Dios mío… ¿cómo pude ser tan descuidada? —murmuró, dejando el teléfono a un lado antes de apresurarse a terminar de ducharse.
El rostro de Liam se negaba a abandonarla. Su imagen volvía una y otra vez, encendiendo sus mejillas por más que intentara apartarlo de su mente.
—¿Se encuentra bien, señora? —preguntó María cuando Anna salió del baño.
—Estoy bien. Puedes retirarte —respondió ella con rapidez.
—Sí, señora.
—Cálmate,