El teléfono de Liam vibró justo cuando salía de la sala de juntas.
Miró la pantalla: un mensaje entrante de un número desconocido.
Frunció el ceño. Muy pocas personas se atrevían a contactarlo directamente sin previo aviso. Se detuvo, caminó hasta el ventanal con vista a la ciudad y abrió el mensaje.
Una sola foto.
La respiración se le tensó al instante.
En la pantalla, Anna estaba de pie en un pasillo del hospital. Tenía la cabeza ligeramente inclinada, y la mano de un hombre —la mano de Rendy