—Anna.
El sonido de su nombre la hizo detenerse en seco. Se quedó mirando al frente… al hombre que estaba a pocos pasos de distancia, con un ramo de flores en la mano.
—Perdón por llegar tarde —dijo Rendy mientras se acercaba.
—No pasa nada. Ya no necesitas acompañarme —respondió Anna con frialdad.
Rendy se detuvo frente a ella.
—Siento cómo he estado actuando últimamente, Anna. Nunca quise hacerte daño.
—No hace falta hablar de eso —lo cortó ella, tajante—. Ya no tenemos ninguna relación. Será