Una llovizna fina dio la bienvenida a Anna en aquella ciudad—una ciudad lejos de los recuerdos que dolían, lejos de nombres y rostros que había intentado enterrar aunque sus sombras aún se aferraban a ella. Las aceras mojadas reflejaban la luz de las farolas, y el viento frío se colaba hasta los huesos. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, su pecho se sentía un poco más ligero.
Estaba a punto de cruzar la calle cuando el sonido de algo al caer la hizo girarse. Al otro lado, una mujer d