Ricardo detuvo mi carruaje y me habló con tono suplicante.
—Talia, ¿puedo hablar contigo?
Me bajé del carruaje y miré al hombre que una vez me había causado tanto dolor. En la ceremonia, no lo había observado con cuidado, solo noté su vestimenta harapienta, pero ahora que lo veía bien, hasta parecía que había envejecido mucho, ya no tenía nada de su antigua belleza.
—Di lo que tengas que decir rápido que estoy muy ocupada.
Mi respuesta hizo que mostrara una expresión herida, pero rápidamente la