La herida era apenas un corte; con cuidado sanaría sin rastro. Aun así, Bruce me culpó y me insultó.
Intenté defenderme, pero no me creyó.
Abatida, me refugié varios días en la habitación de mi madre, buscando consuelo.
Al enterarse, Moye apareció hecha una furia.
—Así que esta es tu mamá… Lástima que esté paralítica —soltó con sorna al acercarse a la cama, y tiró del cable del respirador.
—¡No lo toques! —exclamé, corriendo a sujetar el enchufe.
Sin embargo, ella dio un tirón y el aparat