Cuando la casa quedó en silencio, Bruce seguía intranquilo, así que salió a beber con unos amigos, decidido a emborracharse.
Unos días después, por boca de Wolvent supe que Bruce había echado a todas las mujeres y obligado a Moye a abortar.
Moye, destrozada, deambulaba como un fantasma.
Me sorprendió; creí que ella sería la excepción, pero ni siquiera a ella le permitió tener a su hijo.
En diez años varias mujeres quedaron embarazadas; Bruce jamás dejó que ninguna diera a luz, ni siquiera yo.
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