—¡El que se sobrepasa eres tú, ladrón despreciable! Me arrebataste a mi compañera destinada.
Bramó Bruce, y hasta sacó del bolsillo una foto de boda para exhibirla.
—¡Mírenla bien! Es mi esposa, mi pareja predestinada.
La multitud se agitó en murmullos.
Todos sabían algo del pasado de Bruce y me observaban con desconcierto.
Pero yo lo había olvidado todo: no recordaba nada de antes.
—¿Tu esposa? ¿Llegaron siquiera a marcarse?
Wolvent soltó una risa helada; su rostro hermoso se volvió cenizo de i