—Me equivoqué, Celina.
—El odio me nubló; en el fondo sí te amaba, pero estaba ciego a mis propios sentimientos.
—Desde que te fuiste intenté ahogar todo con alcohol, pero cuanto más bebía, más te extrañaba.
—Desperté tarde y apenas ahora entiendo que te amo.
—Vuelve conmigo. Serás la única dueña de la casa y te daré todo mi amor.
Pronunció cada palabra con humildad, casi sin atreverse a mirarme.
Si me lo hubiera dicho hace diez años, quizá lo habría perdonado; pero un amor que llega tarde vale