La mañana llegó más rápido de lo que esperaban. En la empresa Sinisterra, el ambiente se sentía tenso, casi enrarecido. Había un aire espeso de ansiedad recorriendo los pasillos. Todos caminaban con prisa, algunos en silencio, otros murmurando con cautela. Nadie quería ser el blanco del mal humor de Alberto, que desde que perdió el control de la empresa había vuelto a su viejo estado irascible, insoportable. Mientras tanto, Miguel caminaba por los pasillos con expresión sombría, aún dolido por