La jornada había sido larga, extenuante. El ambiente dentro de la empresa Sinisterra era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Desde la mañana, cada llamada, cada reunión, cada correo electrónico había sido un recordatorio cruel de que las cosas ya no eran como antes. Las decisiones importantes no pasaban por sus manos, y eso le carcomía el alma a Alberto.
Al final del día, Alberto llegó a su casa con el rostro desencajado. Sus pasos pesaban como si arrastrara cadenas invisibles. Tiró s