Miguel observaba por la ventana de su oficina mientras la tarde caía lentamente sobre la ciudad. A lo lejos, los edificios se teñían de dorado, pero él no veía belleza, solo una especie de amenaza suspendida en el aire. Desde la conversación con su madre, algo en él no había vuelto a estar en calma. Las palabras de ella aún retumbaban en su mente: “Lo que le hicieron a Alanna fue la verdadera locura. No confíes en nadie.”
Tomó su abrigo sin más demora y apagó el celular. No podía esperar. No po