La mañana despertó con un aire distinto. El cielo plomizo, la brisa pesada, y las calles aún húmedas por la llovizna de la madrugada, eran apenas el telón de fondo del terremoto que sacudía los cimientos de la familia Sinisterra.
A las 7:00 a. m. en punto, las puertas de la Torre Sinisterra se abrieron como cada día… pero el ambiente no era el mismo. Había susurros, miradas nerviosas, empleados que bajaban la vista al cruzarse con los pasos decididos de Leonardo Salvatore y Alanna. Ya no eran s