Esteban golpeó la mesa con su puño.
—¡Basta, Leonardo!
Allison, a su lado, tenía los labios apretados con fuerza.
Leonardo lo miró por primera vez en toda la mañana y sonrió con suficiencia.
—¿Basta de qué? Solo le estoy dando de desayunar a mi prometida.
Esteban estaba furioso, pero no tenía nada que decir.
Miguel, en cambio, observó la escena en completo silencio. Sus ojos se fijaron en Leonardo… luego en Alanna… y luego en Estaban, cuya incomodidad era evidente.
No dijo nada.
Pero vio demasi