El reloj antiguo del vestíbulo marcaba el paso de los minutos con un eco suave, como si el tiempo mismo quisiera hacerse presente en la escena. El ambiente en la sala era denso, no solo por las emociones recientes, sino por los silencios acumulados a lo largo de los años.
La señora Sinisterra permanecía de pie, con los hombros apenas encorvados y las manos entrelazadas con fuerza frente a su cuerpo. Sus ojos, que habían contenido las lágrimas durante años, brillaban ahora con una mezcla de temo