El salón se mantenía en un silencio espeso, de esos que pesan más que las palabras no dichas. Afuera, el viento soplaba con suavidad, moviendo las cortinas con una cadencia pausada, como si incluso el tiempo supiera que algo importante estaba ocurriendo dentro de aquellas paredes.
Alanna permanecía de pie junto a una de las ventanas, con los brazos cruzados frente al pecho, como si se estuviera protegiendo del frío… o tal vez de los recuerdos. Su madre, sentada aún en el sofá, la observaba con