Leonardo giró lentamente, como si ya supiera que esa pregunta llegaría tarde o temprano. Su rostro, usualmente tan impenetrable, ahora parecía más humano, más cansado... más sincero.
—Alanna —dijo con voz baja pero firme—. Necesito que te sientes a mi lado.
Ella frunció levemente el ceño, sorprendida por la petición. Dudó por un segundo, pero se acercó. Se sentó al borde de la cama, con el cuerpo rígido, alerta, como quien se prepara para una verdad que podría doler más que una mentira.
Él se s