El sonido del agua al caer era constante, como una sinfonía triste que llenaba el baño. El vapor envolvía cada rincón, formando una niebla espesa que borraba los contornos del espejo y hacía desaparecer el presente, como si el tiempo se disolviera con cada gota que tocaba el suelo.
Alanna estaba ahí, en medio de esa bruma, con la frente apoyada contra la pared de cerámica. El agua caliente descendía por su espalda, por sus hombros, como si quisiera lavar algo más que su cuerpo. Pero no podía. N