La noche había caído sobre la mansión Salvatore, pero el silencio no traía paz. Alanna caminaba sola por el jardín trasero, con los brazos cruzados, como si intentara protegerse del frío y del peso de sus pensamientos. El cielo despejado dejaba ver las estrellas, pero ella no alzaba la vista. Su mente estaba muy lejos, anclada en un nombre, en una palabra, en un rostro.
Venganza.
Desde que escuchó a Alex pronunciar esa palabra con tanto veneno, algo dentro de ella había comenzado a romperse. Nu