Capítulo 159: Un apellido de apariencias.
La tensión se volvió irrespirable. La señora Sinisterra apretó los labios, visiblemente afectada. Miguel se quedó inmóvil, como si cada palabra de Alanna fuera un azote contra su orgullo.
—Sigues resentida… como siempre —murmuró él, más para sí mismo que para ella.
—No, Miguel —replicó Alanna con una calma que dolía—. Ya no estoy resentida. Estoy despierta. Y ya no tengo miedo de ustedes… ni de lo que puedan pensar de mí.
Miguel cerró los puños. Sus ojos oscuros se oscurecieron aún más, nublados