El sol aún brillaba en lo alto, pero Alanna sentía que el día se le hacía eterno.
Había pasado la tarde encerrada en casa, incapaz de concentrarse en nada más que en los papeles de divorcio sobre la mesa. Los había leído una y otra vez, como si al hacerlo pudiera encontrar alguna señal de que Leonardo no hablaba en serio.
Pero no la había.
Cada palabra escrita en ese documento era una sentencia. Un golpe seco contra su pecho.
Él realmente quería terminar con su matrimonio.
El peso de esa realid