Alanna no se quedó quieta. Después de lo que había pasado, después de tantos días sin saber nada de Leonardo, merecía respuestas. Si él no se las daba, entonces ella iba a buscarlas.
Con paso firme, cruzó la recepción de la empresa, sin detenerse cuando la secretaria intentó interceptarla.
—¡Señora Alanna! Ya le dije que el señor Leonardo no está disponible…
—No me importa —respondió sin mirar atrás—. No vengo por él.
La secretaria titubeó y luego simplemente la dejó pasar. Alanna se veía decid