La puerta principal se abrió de golpe. El sonido retumbó por toda la mansión, anunciando la llegada de Leonardo con una intensidad que hizo que los pocos empleados en la casa se encogieran. Su rostro estaba endurecido, sus ojos oscuros brillaban con una furia contenida, y sus pasos eran pesados, casi amenazantes.
Alanna, que se encontraba en la sala leyendo un libro, levantó la vista de inmediato. No necesitó más que una mirada para saber que algo estaba mal. Leonardo estaba molesto. No, más qu