El silencio de la madrugada envolvía la mansión como un velo pesado, pero dentro del despacho de Leonardo, la tensión era sofocante. Su mente era un campo de batalla, donde su orgullo herido chocaba contra la cruel realidad que Enrique le había arrojado al rostro.
"Yo me gané su corazón."
Cada palabra de Enrique lo perseguía como una maldición. Lo hacían sentir algo que jamás en su vida había experimentado: la sensación de estar perdiendo.
Con el ceño fruncido y la mandíbula tensa, Leonardo gir