Carlos
Las risas se deshicieron mientras cruzaba las puertas del salón de juntas.
Habían quedado atrás, atrapadas entre las paredes de cristal, junto con las promesas exageradas y los apretones de manos demasiado largos. Uno de los inversionistas todavía me palmeaba el hombro cuando ya estaba pensando en otra cosa. En balances futuros. En cifras que todavía no existían, pero que pronto lo harían. El eco de mis zapatos sobre el mármol del pasillo devolvió el orden al mundo. Siempre me gustó ese