Laura
Cuando logré serenarme un poco, dejé atrás el consultorio donde el mundo perdió toda lógica. Sin embargo, salir de la clínica se volvió una tarea titánica. Cada paso hacia el elevador se volvía más pesado e inevitablemente terminaba sentada en la primera sala de espera que aparecía.
—Señora… —dijo Ángel en cada parada improvisada. Yo negaba en silencio—. Debemos seguir.
Lo había escuchado. Sabía que no podía quedarme allí, pero en ese momento todo era una mezcla extraña dentro de mí: su