Laura
No podía dejar de mirar la puerta de la enfermería. Mi bebé descansaba en mis brazos, tibio y tranquilo, como si todo lo que sucedía alrededor no fuera más que un ruido lejano. Pero yo no estaba en paz. Mi corazón palpitaba con una fuerza absurda, como si quisiera escaparse de mi pecho. A pesar del estado deplorable en que habían encontrado a Gómez, no podía sacudirme la sensación de que todo era una trampa.
Una maniobra de Carlos para volver a llevarse a mi hijo.
—Laura, respira —susurró