Laura
El mundo comenzó a retornar despacio, tan cotidiano y típico, pero para nosotros ya nada era como antes.
Los sonidos de la fundación se colaban bajo la puerta: voces apagadas en el pasillo, el crujir de alguna silla. La realidad no se detenía ni dejaba de serlo por nosotros, y ahora debíamos enfrentarlo.
El brazo de Antonio aún rodeaba mi espalda con una firmeza que borraba cualquier intención de alejarse. Su respiración sobre mi cabello era lenta, pero todavía cargada de algo que ninguno