Carlos
El zumbido constante de los monitores y el olor a desinfectante se habían vuelto parte del aire en la UCI privada de mamá. Todo era blanco, pulcro, controlado… demasiado ordenado para un lugar donde la vida se sostenía con hilos invisibles.
Rebeca estaba a mi lado, aferrada a la mano de mamá con una devoción casi infantil. Sus uñas perfectamente cuidadas se enterraban en la piel pálida como si pudiera obligarla a despertar a través del dolor.
Respiré hondo. Mi rostro debía mostrar calma