Lucia
El suelo es duro.
El azulejo frío se ha impreso en mi piel como una marca.
Pero no me muevo.
No hasta que se vaya.
No hasta que entienda.
El silencio es denso, al otro lado de la puerta.
Demasiado denso.
No golpea. No grita.
Espera.
Y eso es peor.
Me quedo allí, inmóvil, en el rectángulo de luz pálida del baño.
Envuelta en esa toalla que ya no tiene nada de refugio.
Solo una piel de papel entre él y yo.
Los minutos se estiran largos y atroces.
Los cuento. Para mantener