Michel
Me creyeron debilitado.
Miraron mis silencios como confesiones. Mis retrocesos como capitulaciones. Mi soledad como una debilidad.
Pero olvidaron una cosa esencial. Una cosa que no se enseña en los círculos del poder porque no se aprende: soy el hijo del fuego.
No el de las hogueras espectaculares, no el de las cóleras que consumen y se disipan.
No. Soy el fuego subterráneo. El que arde en brasas. El que espera.
El que destruye todo sin hacer ruido.
La sangre que corre por mis venas no n