Armyn respiraba con dificultad, su cuerpo sangrante y exhausto, pero su determinación no se había desvanecido. Con mano firme, tomó las manos de los niños, sus ojos reflejaban el miedo, pero también la esperanza que ardía dentro de su pecho.
—Al salir, ambos se transformarán en pequeños venados. Serán rápidos, más rápidos de lo que alguna vez imaginaron. ¿Podrán hacerlo? —preguntó, su voz temblando ligeramente.
Mahina, con sus ojos grandes y brillantes, asintió sin vacilar. Había una valentía en