La llegada a la manada Ígnea estuvo cargada de tensión. Los guerreros formaron un círculo protector alrededor del hibrimorfo capturado, empujándolo con rudeza hacia el sótano subterráneo.
Las antorchas encendidas iluminaban el corredor de piedra, proyectando sombras que parecían moverse al ritmo del miedo del traidor.
Lo arrojaron al suelo, encadenado, y un gruñido escapó de sus labios mientras trataba de incorporarse. Fue entonces cuando Armyn apareció en la entrada del sótano. No necesitó anun