Armyn logró empujarlo con un movimiento brusco, casi instintivo.
Después tomó la toalla que estaba sobre el borde de la tina y se cubrió el cuerpo mientras lo miraba con furia contenida.
—¿Qué haces aquí? —escupió con desdén.
Riven, aun respirando agitado por la carrera, levantó las manos en un gesto desesperado.
—¡Armyn, pensé que estabas herida! El olor a sangre… y el ruido… creí que, no soportaba perderte, por eso vine a buscarte.
Él rodó los ojos con fastidio, cortando cualquier intento de p