Rhissa fue llevada casi a rastras al ala de enfermería. Sus pies apenas tocaban el suelo de piedra mientras su cuerpo temblaba, vencido por el dolor y la humillación. Su llanto desgarrado se expandía por los pasillos del palacio como un eco incómodo, insistente, imposible de ignorar. Cada sollozo parecía acusar, señalar, exigir justicia… aunque nadie se atreviera a responderle.
Las sanadoras intercambiaban miradas tensas mientras la acomodaban en una camilla. Sus manos se movían con rapidez, lim