En la habitación real, el Alfa Dyrhan dormía plácidamente.
Dormía sin culpas, sin remordimientos, sin el menor atisbo de inquietud. Su respiración era profunda y regular, como la de un hombre convencido de que el mundo seguía girando a su favor. Las cortinas de terciopelo rojo caían pesadas alrededor del lecho, aislándolo de todo, incluso de las consecuencias de sus propios actos.
Pero entonces, algo cambió.
Un sonido leve, casi imperceptible, se filtró entre sus sueños. Un roce. Un paso conteni