Capítulo: La traición está dentro.
—¿Qué has dicho? —la voz de Tena rasgó el aire como un hierro caliente—. ¿Me acusas de querer matar a mi propia hija?
El silencio fue inmediato y pesado. Las miradas se clavaron como dardos en Armyn; su pecho se movía con respiraciones cortas, pero su voluntad no se quebró.
Armyn, con la cara enrojecida por la furia, arrojó la copa que tenía en la mano sobre la mesa. El líquido plateado tintineó.
Luego, con una sonrisa cruel, alzó la voz:
—¿No? Bien, entonces, bébelo. Anda, bebe esta poción y de