Riven rio, pero no fue una risa común. Fue seca, cruel, cargada de desprecio. Una risa que cortó el aire del calabozo como una hoja afilada. Sus ojos, fríos y brillantes, se clavaron en Tena con una dureza que la hizo estremecerse hasta los huesos.
—¿De verdad? —preguntó con burla—. ¿De verdad crees que tu hijo es el gran heredero de los hibrimorfos? ¿Un rey?
Avanzó un paso, lo suficiente para que Tena sintiera su presencia como una amenaza física. Riven la observó de arriba abajo con absoluto d