Riven permaneció inmóvil unos segundos, atrapado en un limbo extraño, como si su mente hubiera quedado suspendida entre la rabia, el desconcierto y un dolor tan profundo que ni siquiera su lobo sabía cómo aullarlo. La revelación sobre Mahina, la traición de Tena, la desaparición de Dyamon… todo giraba en espiral, golpeando su pecho una y otra vez.
Hasta que, de pronto, apretó los puños. Los nudillos crujieron como si fueran a quebrarse.
—Lleven a Mahina a su alcoba. —Su voz resonó con una firmez