Alfa Dyrhan decidió poner fin a la fiesta mucho antes de lo previsto. La música se apagó de manera abrupta, como si alguien hubiera cortado de golpe el hilo invisible que sostenía aquella farsa de alegría y ostentación.
Los violines se silenciaron, los tambores dejaron de resonar, y un silencio incómodo se filtró entre los invitados. Las luces se atenuaron lentamente, dejando sombras largas y tensas que se estiraban por las paredes doradas del salón. Murmullos desconcertados comenzaron a recorre