Mahina sostuvo al gato entre sus brazos con un fervor casi desesperado, como si aquel pequeño ser fuera la única ancla que le permitiera mantener la cordura.
Su corazón latía con rapidez, un tambor inquieto que se filtraba por todo su cuerpo, mientras sus dedos recorrían suavemente el lomo del animal.
El calor del gato se filtraba en ella, trayéndole una calma momentánea, un instante efímero en el que parecía que todo a su alrededor podía permanecer en silencio, en orden, aunque fuera por un seg