La mañana había llegado con un sol pálido que se filtraba entre las nubes grises. Mara no había dormido. No había podido. Las imágenes de Joaquín y Luna en la cascada no se borraban de su mente. Por más que cerraba los ojos, por más que intentaba pensar en otra cosa, allí estaban. Él. Ella. La piel mojada. La cercanía. La traición.
Había intentado quedarse en la cama. No pudo. Había intentado leer. No pudo. Había intentado distraerse con el teléfono. No pudo. Su habitación en el penthouse se ha