La luz de la mañana entraba por los ventanales de la habitación de Joaquín, filtrada por las cortinas blancas de lino, creando un ambiente suave, dorado, casi irreal. El sol ya estaba alto, pero aún no era fuerte. La tormenta había pasado durante la madrugada, llevándose consigo los truenos, los relámpagos, el viento furioso. Afuera, el cielo se veía despejado, limpio, como si nada hubiera pasado. Pero adentro, en esa habitación, algo seguía flotando en el aire. Algo que no sabían nombrar.
Mara