El penthouse estaba en penumbras cuando Joaquín regresó de su reunión con el abuelo. La luz de la luna entraba por los ventanales, bañando el piso de madera oscura con un resplandor plateado que parecía danzar en el silencio de la noche, creando sombras alargadas que se movían con la lentitud del tiempo. La ciudad brillaba abajo como un mar de luces, cada edificio una estrella terrestre, pero dentro del penthouse, solo existían ellos, envueltos en la intimidad de la noche. Mara estaba sentada e