La mañana siguiente, Joaquín se despertó temprano, antes de que el sol asomara por el horizonte. La luz grisácea del amanecer se filtraba por las cortinas, creando sombras suaves que se movían con la lentitud del tiempo. El silencio del penthouse era tan profundo que podía escuchar el latido de su propio corazón, un recordatorio de que estaba vivo, de que aún tenía mucho por hacer. Se quedó un momento en la cama, mirando el techo, sintiendo que el peso de la decisión que había tomado le oprimía