El sol de la tarde se filtraba a través del parabrisas del BMW, bañando el interior del auto con una luz dorada y cálida que hacía brillar el polvo en el aire. Eran casi la una de la tarde, y el calor del día comenzaba a sentirse, aunque el aire acondicionado del auto mantenía el ambiente fresco y agradable. La ciudad pasaba por las ventanas como un borrón de luces y sombras, mientras Joaquín manejaba con una mano en el volante y la otra descansando sobre el muslo de Mara. Ella iba recostada en