Las fotos continuaron durante horas, pero Mara ya no sentía los nervios que la habían invadido al principio. La presencia de El Fantasma, aunque imponente, se había vuelto extrañamente reconfortante. Sus movimientos eran precisos, su voz distorsionada pero amable, y su forma de dirigirse a ella era respetuosa y profesional. No había nada en su actitud que la hiciera sentir incómoda; al contrario, había una calma en él que la envolvía, como si la conociera de antes, como si supiera exactamente c