Mara sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Las miradas de los invitados seguían clavadas en ella. Los susurros seguían corriendo como pólvora. Dedos acusadores. Rostros desconfiados. Y Joaquín... Joaquín dudaba.
Ella caminó hacia donde él estaba. Cada paso era un esfuerzo. Las piernas le temblaban. El corazón le latía con fuerza.
—Joaquín —dijo, con voz firme, aunque por dentro temblaba—. Te lo juro. Yo no he sido. Yo no fui la que hizo eso. Ella se tiró sola.
Luna levantó la cabeza. Su r