El penthouse estaba en silencio. Solo se escuchaba el ritmo constante de las pesas y la respiración controlada de Joaquín. Estaba en su gimnasio privado, como casi todas las noches. Era su ritual, su forma de despejar la mente, de sentir que tenía el control de algo en un mundo que a menudo se le escapaba de las manos.
Camiseta blanca ajustada, sudor en la frente, brazos marcados por el esfuerzo. El cabello le caía sobre los ojos, pero no lo apartaba. Necesitaba concentrarse. Necesitaba no pens